Taddeo & Soggo

Taddeo & Soggo

Nos damos la bienvenida, a Taddeo y a Soggo.

Quienes caminarán por sobre las hojas,
donde los cielos no son tan grises,
y los suelos son mas firmes,
mas cerca del suelo, mas cerca del cielo.

Y donde volverán una y otra vez,
como repitiendo, tartamudos, el silencio de las cosas.
Vagabundos portadores de la cruz,
Hacia la infinita fe.

Hasta que las hojas caigan y ya no sean tan obscuros los pasillos.
Hasta que dejen de escucharse las ánimas.
Y acaben las historias de sus bolsillos.

Nos leemos y nos vemos.

...el cielo te observa

...el cielo te observa

Seguimos en las sombras

Haz ocupado un espacio

Haz dicho que te pertenece


Había tierra, bosque, agua

Había animales, frutos, cielo

Había hombres y mujeres

Había niños y niñas

Había una palabra hablada

Más rica en alma, en dioses


Había sabiduría, valores, honores

Había lealtades y


Voluntad


Había amor y respeto

Había responsabilidad


Haz ocupado un espacio

Haz dicho que te pertenece

Y con odio, violencia, desprecio

Haz quemado tierra y bosque


Haz tirado nuestros cuerpos al agua

Contaminado el agua con el odio de tu lucha

Haz odiado y sometido a las bestias

Y convertiste el fruto en pecado y el cielo…


…el cielo te observa.


Llegaste hablando de luz

Y con tú luz quemaste nuestros ojos

Todo nuestro cuerpo quemaste

Pero olvidaste nuestra alma, porque no tienes alma

Olvidaste que te observamos

Que vemos con nuestra alma tú vacío


Olvidaste en tu propia sangre el orgullo

Y viste a la madre con un deseo perverso


Nosotros…


Seguimos de negro, y somos uno con la sombra

Conservamos sabiduría, honores, valores

Conservamos dioses


Y con la voluntad

Y con la lealtad


Vamos a despertar a los gigantes

Un poco más cerca

Un poco más cerca

Él

En esa esquina, rodeada de algodones

agujereado del silencio de una broma negra

conquistando las astillas de sus venas

ríe solo.


De la sangre que corrió

y las lágrimas en la almohada vacía

queda una imagen que solo obliga

a reír, solo.


Ya no es la memoria

no es la tristeza

ni la burbuja que revienta en las sienes

es la lluvia que limpia el arma que dibujó en la piel.


No hay nada más que pueda decir.

Proacción y afirmación, no reacción ni negación

Proacción y afirmación, no reacción ni negación

Edificios

Una caída de agua,

desde arboles ancianos.

Caída de sangre caliente

y la fría bondad de tu igualdad,

tu fraternidad,

tu libertad,

en Septiembre.


Coges las ideas anudando,

transformas el mito en tu ciencia,

inventas el hilo negro

y la sangre,

sigue cayendo.


Desnudos los cuerpos,

la mirada hacia el cielo,

caminando ya y las alas

brotan y permiten regresar.

La sangre que cae

y toca el suelo.


No hay olvido,

ni con sombras nuevas

ni con velos nuevos.

Y la sangre en tus dedos

es, insisto, mi recuerdo.


Deja ya, que tu espalda no puede,

deja que te refresque el viento,

cánsate, redímete, de a poco, lentamente.


Mira hacia atrás,

tus pasos,

la sangre que tu derramaste.


Septiembre,

todos los septiembres,

no ése, ni éste,

solo aquel

a q u e l septiembre de cinco letras.


Y sus héroes.

Recojamos nuestras partes.

Recojamos nuestras partes.

Tan enfermo.

...he masticado algunas lenguas.

Y absorbido la sangre danzante y moribunda,

tibia.

Recordando algunas siluetas amorfas en los ojos

oscuros como las sombras en la noche.


Habemos muchos, que nos damos en la muerte.

Somos larvas, nos comemos la carne,

de aquellos que duermen bajo nuestros pies.

De quienes fueron, pero ya no son más.


Y quizás nos damos en la rabia.


Permanecemos en la tumba.

Tenemos dientes que roen,

que sutiles, estiramos los nervios,

y permanecemos engordando.

Para siempre moscas.


Quisiera contar historias, pero duermo.

Queremos rezar, pero tomamos las armas débiles.

Somos tantos los que reiríamos,

si hubiese un grano de arena.


Y morderemos las mejillas,

tomaremos nuestra carne,

vaciaremos la saliva que adormecerá los intestinos,

para convertirnos mohínos.


Y estoy tan enfermo.

El viaje es ahora.

El viaje es ahora.

Adiós, mi despedida.

Tómame en tus brazos.
Sostén mi cabeza bajo la caída del agua.
Retén la respiración.
Despídete de mí.

Aloja tus labios sobre mi cuello,
y con tu lengua,
escríbeme un deseo.

Yo estoy abrazándote,
y no te quiero dejar.
Solo tú puedes hacer que me disuelva en el agua.
Piénsame un poquito,
y teje con tus pestañas
un silencio en tus ojos.

Más despacio,
como si escucháramos,
nosotros.
Los fantasmas.

La partida.

La partida.

En la noche obscura.

Hay noches obscuras,

donde la sombra corroe y oxida,

pedazos dulces de cáscara de ciruela.


Tiemblan las casas con el frío de las ánimas.


Pero esta noche, mi primera noche,

es la más obscura de todas,

y tiene sombras bajo las lámparas,

y monstruos bajo la almohada,

y lágrimas saladas.


Y de todas mis noches,

esta es la primera.

Tan obscura.


Esta noche está lejos.

Escribe falta de extrañeza.

Pierde las rodillas, muerde el suelo.


Está tan lejos,

tan cerca del viento.

Pisándome los talones,

preguntando si aún las hojas que escribo,

derraman las mismas faltas de silencio.

los mismos gritos deambulantes.

que sostuvieran con los pies en la tierra.


Nadie puede llamar a mi puerta.

Ya no más.

¿Donde encuentro los cimientos?

¿Donde encuentro los cimientos?
...los cimientos.

He de saber, pestañas en la almohada.

He de saber,
Que es lo que hay en mí,
Juntar las pelusas,
Regar el jardín.

He de completar mis nubes,
Dejarles algo de viento,
Calor a las almohadas,
Entregarles mi aliento.

En la cobardía y la soberbia,
Se esconden las arañas y los fantasmas.
Y si las sombras no son buenas.
Habrán de esperarme en las mañanas

Ruín, descalzo, avaro, sediento,
Hipócrita, bastardo, arrogante, arrogante.
Entiendo que detrás de la puerta
Lo más limpio sería un muerto.
Que con su fermentada carne cerda,
Saludara por un momento. A mí, frente a mí.
Con las cuencas de los ojos vacías.
Y su olor y sus líquidos.
Y de nuevo su aliento.

Porque no hay alguien que entienda bien,
Que caen como frutos secos,
Las palabras de los antiguos,
Las palabras, los cuerpos, el alma.
Y es simplemente un silencio.

No me muevo, me despierto, me detengo, estoy sediento.

Porque si estoy quieto,
Atraviesan cautos, lento,
Las paredes, la aspereza,
Sobre los muebles, las cabezas,
Y algo escondido, fijo, miedo,
Tiene los dientes negros, picados, pasado de años.
Apestados, pasados de tiempo.

Yo debo correr, pero en calma.
Tomar un licor antiguo, descuidar un poco mis cosas.
Fumar un cigarrillo, que el humo abra las puertas.
Sacar de los bolsillos, algunos recuerdos viejos.
Que no olviden las auroras, nunca las auroras.

El tren avanza, se escucha de muy lejos,
Son las 4 de la madrugada, aun la noche baila.
Pocos escuchamos al tren venir.
Pocos tienen cuerdas flojas.
No pierden el equilibrio.
Ni el tono de las moscas.
Son como cucarachas
Que marchan, marchan, manchan.

Manchan los cojines, manchan los espejos, manchan las paredes, marchan como muertos.

Ayúdame querido viejo.

Ayúdame.

Por tí me hice astronauta N° 5

Por tí me hice astronauta N° 5

Para la avioneta

En este cuerpo, inmóvil, paralizado, ulceroso por el roce con el tedio.

Sin poder.

Sin la creatividad destructiva para poder Ser.

El vuelo se vuelca en mi mirada, no desaparezco, no muero, vuelo.

En la apoliteia nauseabunda, abundante de miseria increada, egoísta.

En este cuerpo sin grito, sin piedra.

En este cuerpo sin caos ni límite, ni guerra.

Sin amor ni la esperanza de verte.

Perdí la alimentación de mi materia.

Ningún Walhalla me queda.


Estuve enojado, hasta la violencia, hasta el derrumbe de la caída.

Pedí el dolor, pedí la miseria, pedí la lagrima que desalmaría mi hielo.

Estuve manchando de sangre tu suelo, para que despertaras.

Así...

Me convertí en tu sueño.

Estuve en tu alegría, en tu parcela pastosa. Bajo las gaviotas.

El trazo de tiza, en tu isla, nos decían.

Pedí la casa, pedí la comida caliente y el perro en la terraza.

Pedí contigo el rio, pero perdí el elemento. Mi gravedad.

Así...

Me levante del suelo. Subí esperando ya nada, buscando tu historia, que sabía...

...me devolvería la nada.

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